Las pequeñas cosas, los pequeños detalles, son los que acaban desgastando y quemando si dejamos que se acumulen. Es cierto que al principio puede que no nos molesten en exceso, y probablemente no solamos comentarlas con esa persona por miedo a quedar en ridículo porque, las cosas como son, suenan más estúpidas al decirlas de lo que lo hacen en nuestra cabeza. El problema es llegar a formar una bola con esos problemas, una montaña de mierda sobre la que echar un grano más implica desatar una avalancha de proporciones impredecibles. Al final todo se cimienta sobre la confianza en la otra persona. Si hay confianza y esa otra persona nos aprecia de verdad da igual cuán estúpidas suenen al contárselas, para ella serán importantes y hará lo posible por ayudarte. El problema está en encontrar a una persona así...
Si eres capaz de encontrar alguien así, por el amor de Dios, no la dejes escapar.
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