A veces los mejores momentos llegan con las personas más inesperadas, y la felicidad empieza a inundarte con el cariño de quien menos creías que podría hacerte feliz. A veces, ciertas personas llegan sin llamar a la puerta, pero al entrar van radiando tanta alegría que cuesta decirles que se vayan... A veces la felicidad está tan al alcance de tu mano que cuesta verla, pero el gesto que tenemos que hacer para acercarla a nosotros es tan simple que merece la pena intentarlo.
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